Por Miguel Otañez
*Un frente opositor inusual*
Leonel Fernández (FP): Tres veces presidente, con discurso más agresivo en esta coyuntura. Se ha apropiado del tema eléctrico, hablando de “vivir en la oscuridad” y ligando apagones con carestía de alimentos, agua y descontento social. Usa un tono emocional, conectando con la indignación cotidiana de la gente.
Danilo Medina (PLD): Aunque mantiene bajo perfil en algunos temas, está muy activo en encuentros políticos internos. Sus críticas recientes apuntan a “pérdida de esperanza” y “desgaste de Abinader”, reforzando la narrativa de que el Gobierno ha incumplido promesas de cambio.
*El reto particular para Abinader*
1. Simbolismo político: Ambos expresidentes representan el pasado inmediato del poder. Atacan desde la experiencia, lo que da mayor legitimidad a sus críticas.
2. Doble fuego cruzado: Cada uno maneja una base distinta (FP vs. PLD), pero coinciden en responsabilizar al PRM de “fracasar en lo mismo” que ellos fueron acusados.
3. Agenda mediática: Ambos generan titulares constantes, obligando a Abinader a responder de forma reactiva, en lugar de controlar la narrativa.
4. Desgaste acumulado: La energía eléctrica funciona como un “tema común” que articula a ambos líderes y que, al ser tan sensible, amplifica la oposición ciudadana.
*Lo que hace más difícil este escenario*
Usualmente, un gobierno se enfrenta a un solo líder opositor fuerte. Abinader, en cambio, tiene que lidiar con dos figuras con peso histórico y redes políticas consolidadas, que además saben cómo funciona el poder desde dentro.
*_La oposición no necesita unirse formalmente:_* basta con que Leonel y Danilo ataquen desde ángulos distintos para erosionar la percepción de gobernabilidad.
En la práctica, el Gobierno queda acorralado: si responde con ataques, se victimiza a dos expresidentes; si ignora, se instala la idea de que las críticas son ciertas.
*En conclusión:* Abinader enfrenta una oposición excepcionalmente difícil, porque está compuesta por dos exmandatarios activos, mediáticos y con bases propias, que aprovechan un tema transversal (la energía) para conectar con el malestar social.
Esto eleva el nivel de presión política y obliga al Gobierno a buscar una estrategia de comunicación más ofensiva y no solo defensiva.
Lo más difícil de todo esto, es que el gobierno del presidente Abinader puede estar llegando a un punto donde necesite anclar la comunicación en la gestión, es decir: comunicar desde el hacer para solo tener que decir lo que ha hecho de forma concreta más que comunicar lo que hará, que sería lo válido a 5 años de gestión.
